De la “Historia Oficial” a la “Contrahistoria

 De la “Historia Oficial” a la “Contrahistoria”: El mito de la historia oficial y la lucha por una historia desde abajo  
Por: Francisco Jamett Montenegro


 De la “Historia Oficial” a la “Contrahistoria”

A mediados de la década del 40’ del Siglo XX, Julio Cesar Jobet escribió: “La historia en Chile ha sido eminentemente narrativa y erudita y se ha desenvuelto en función de la pequeña oligarquía gobernante”[1]. En esta clara crítica a la historiografía nacional, Jobet deja leer entre líneas, por un lado, la hegemonía absoluta de la historiografía, hasta ese momento, elitista y excluyente, que negaba la existencia de otro actor relevante en la construcción en el escenario histórico, perpetuando y asociando los acontecimientos históricos de  la oligarquía con la historia nacional. Esta sumisión incondicional de la historiografía a la vida y acontecimientos de la Oligarquía es resultado del sometimiento absoluto de la estructura social a través de la ostentación del Estado. De esta forma da paso a la denominada Historia Oficial.
Para Marc Ferro: “La historia oficial es un producto, consciente o no, de las instituciones que manejan la sociedad. Dicha tipo de historia existe porque encarna y legitima los regímenes que la producen”[2]. (¿Pero hasta que punto es legítimo ese control de la sociedad? o ¿Cómo nace esa supuesta legitimidad de la Oligarquía? o ¿Su legitimidad nace de una base democrática e inclusiva?).
Y por otro lado, Jobet en su crítica historiográfica deja al descubierto la gestación de una “Contrahistoria” dispuesta a disputar el relato a la historia oficial, esta es la “Historia de los Vencidos”, “Los excluidos”, “Los Reprimidos”, de  “La mayoría”. 
La Historia Oficial ha perpetuado una cualidad inexistente en la historia nacional, la de ser una sociedad democrática, mitificando y presentando un discurso autoritario, excluyente y racista, como el espíritu guía de la nación a razón de un profecía auto cumplida, resumida en la frase portaliana “El peso de la noche”, asociando lo autoritario-oligárquico a una época de oro y lo democrático-popular a una época de decadencia y perdición[3].

La historia del “movimiento popular” o “clases trabajadoras”[4] en su dimensión política es un tema ampliamente estudiado, que se inicia entre las décadas del 30’ y 40’ donde destacan las obras de Domingo Amunátegui y Guillermo Feliú Cruz,  que identifican en la historia nacional las características propias de una “Clase Popular” en constante ascenso en el escenario histórico local[5], luego toma fuerza con los trabajos durante la década de los 50’y 60’ e inicios del 70’ de los historiadores marxistas clásicos: Hernán Ramírez Necochea, Marcelo Segall, Jorge Barría Serón, Fernando Ortiz, Julio Cesar Jobet, Luis Vitale y Otros. Donde le dieron, en sus obras, un rol Protagónico al proletariado minero e  industrial, abocados de esta manera la faceta organizada del universo popular: “Julio Cesar Jobet…se abocó a demostrar la progresiva maduración de la conciencia de los trabajadores, hasta llegar a la fórmula revolucionaria-la conjunción entre el sindicalismo y el partido-para alcanzar su propia emancipación”[6].
El quiebre Político e ideológico del Golpe de Estado de 1973 y los convulsionados años 80’, motivo el desarrollo de una nueva corriente historiográfica, la “Nueva Historia”  o la “Historiografía social popular”, que revitalizó y enmendó las deficiencias de los clásicos marxistas y rompió con el estructuralismo imperante y re-posiciona el rol de los sujetos colectivos (Sujeto Popular) en la historiografía nacional.


[1] Jobet, Julio Cesar: “Revista Atenea”, Notas sobre la historiográfica chilena.1946.Pág. 357.
[2] Ferro, Marc: “Diez lecciones sobre la historia del siglo XX”. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina.2003. Pág. 34.
[3] Salazar, Gabriel y Pinto, Julio: “Historia contemporánea de Chile; Tomo I. Estado, legitimidad y ciudadanía”. LOM ediciones. Santiago de Chile.1999. Pág.13-15.
[4] El concepto Movimiento popular o clases trabajadoras, se refiere a un concepto más amplio, que toma a los sectores populares en su totalidad, al contrario de “Movimiento Obrero”, que sólo se refiere al proletariado organizado.
[5] Cuaderno de Notas, Cátedra de Historia del Movimiento Obrero, Profesor Francisco Figueroa Briones, UPLA. San Felipe.
[6] Grez Toso, Sergio: “Escribir la historia de los sectores populares ¿Con o sin la política incluida? a propósito de dos miradas de la historia social (Chile, siglo XIX)”.Pág.2. Esta postura refleja el clima político de la izquierda parlamentaria del periodo, el cual, sólo valida la acción  política partidista como único medio revolucionario, dejando entrever el sentido “Evolutivo” y “Lineal” del movimiento popular desde las expresiones primarias de descontento social, a las mutuales, los sindicatos y los partidos políticos, estos últimos como una última etapa del movimiento popular y única expresión para la acción revolucionaria. 

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