TIMSS como un instrumento de medición de las desigualdades. Un desafío para las políticas públicas en educación.

La desigualdad es uno de los elementos constitutivos de la realidad contemporánea. El progreso económico de algunos países ubicados en el núcleo del sistema planetario contrasta con la aparente depresión económica de larga duración de aquellos países situados en la periferia del sistema económico mundial. Es fácil contrastar la realidad de Alemania y su posición en el orden mundial como país privilegiado. Por otra parte, a Haití, con un nivel de vida y una ubicación en el escenario planetario deplorable y marginal.
La desigualdad, necesariamente, se debe asociar al éxito económico de los países y el reparto que hacen estos de los dividendos del comercio mundial, pero la desigualdad no sólo se expresa en el plano de una economía globalizado, sino que dentro de los mismos Estados y sus sociedades, separando los grupos más favorecidos en el plano de la distribución de la riqueza y los menos afortunados. Esta característica, de desigualdad e inequidad de los grupos que componen la sociedad, es uno de los problemas que dificulta y entorpece toda iniciativa u objetivo planteado por los gobiernos en el plano educativo.
La política pública, como sinónimo  de la iniciativa de los gobiernos para contribuir al bien común de la sociedad, se debe tomar como la principal herramienta para contrarrestar los desastrosos efectos del mercado en la sociedad civil, un rol activo de los gobiernos son la única esperanza para lograr un escenario de equidad e igualdad entre los miembros de la sociedad.
En el contexto de la Globalización, entendida como el fenómeno económico de la integración de todos los rincones del mundo a través del mercado, donde la economía  y sus preceptos guían las políticas públicas de los Estados nacionales hacia la productividad y la competencia, la Educación se entiende como un elemento funcional y juega un papel de indicador de logro en la carrera de alcanzar el tan anhelado desarrollo económico.
Bajo la misma senda, Chile ha planteado varias iniciativas para evaluar la calidad del sistema educativo desde la década de los 70´ e institucionalizado a fines de los 80 bajo el Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE), institución que ha coordinado la participación de nuestro país en evaluaciones internacionales de calidad del sistema educativo y medición de los aprendizajes de nuestros alumnos , con el fin de comparar y mejorar la productividad de nuestra educación y mejorar la competitividad bajo estándares internacionales[1].
En este contexto, de medición y comparación, resalta la participación en la evaluación TIMSS[2] y valora su aporte al momento de informar las profundas diferencias que existen a nivel mundial en educación, pero lo más importante, es que devela, la realidad y los efectos de la desigualdad en la educación de los estudiantes chilenos y la valiosa información empírica para guiar y evaluar políticas públicas que apunten a disminuir los factores que generan la inequidad.
Realidad de la desigualdad en Chile.
De acuerdo al Human Development Report 2013[3] nuestro país presenta un Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 0. 819 y ostenta el puesto número 40 de un ranking de 187 países participantes, situaciones muy positiva si la comparamos con el IDH de los demás países de Latinoamérica y el Caribe (Ver tabla N°1)
Tabla N°1: Ranking de IDH de Chile y posición relativa en la región.
País y Región

Chile

Perú

Argentina
América Latina y el Caribe
IDH más alto

IDH

0.819

0.741

0.811

0.741

0.905
                              Fuente: Human Development Report, 2013.

La alentadora puntuación que el país muestra en el IDH, contrasta con la naturaleza de la inequidad en la distribución de la riqueza en nuestra región y específicamente en nuestro país. En esta línea, Enzo Faletto describe la realidad de la región: “En la mayor parte de los países de la región el rasgo más evidente de la inequidad social es el de la magnitud de la pobreza, y en muchos casos, aunque puedan darse procesos con significativas tasas de crecimiento, resulta muy difícil que los núcleos duros de pobreza puedan realmente reducirse, mas aún si el tipo de crecimiento vigente tiene ciertos rasgos de y tendencias de concentración y exclusión.”[4]
Para dilucidar la desigualdad en nuestra realidad, tomaré como parámetro la distribución de la riqueza basada en el ingreso medio autónomo de los hogares separados por quintil de acuerdo a los resultados de la encuesta CASEN 2011.
Tabla N°2. Ingreso autónomo de los hogares chilenos por quintil.
Quintil
Ingreso autónomo de los hogares en pesos
I
157.303
II
343.151
III
507.282
IV
773.067
V
2.132.047
Fuente: Casen 2011.
¿De qué manera puede influir, en los resultados educativos de los estudiantes chilenos, el abismo económico que separa las familias chilenas, donde el grupo más privilegiado posee un ingreso económico autónomo casi 14 veces mayor al que poseen las familias con menos recursos? ¿Es posible que esta desigualdad se traslade a las escuelas y se traduzca en diferencias significativas de rendimiento y resultados educativos? Estas son las preguntas que podemos plantear al momento de analizar los datos de la disparidad en la disparidad en la distribución de la riqueza en nuestro país.
Institucionalidad, TIMSS y desigualdad.
La institucionalidad en Educación en Chile se construye sobre la Ley General de Educación (Ley N°20.370), la cual comprende una instancia de gestión entorno a la calidad denominado Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad en Educación, compuesto por el MINEDUC, el Consejo Nacional de Educación, la Agencia de Calidad de la Educación y la Superintendencia de la Educación.
La entidad encargada de evaluar el proceso educativo en el país es la Agencia de Calidad, que comprende y posee ciertas atribuciones que motivan las instancias de evaluaciones tanto nacionales como internacionales, bajo los principios orientadores de contribuir con información robusta y útil para la clasificación de las escuelas y aportar a los sistemas de información pública con datos que retroalimenten la toma de decisiones y la puesta en marcha de políticas públicas y la evaluación de las ya implementadas[5].
La participación de Chile en el proyecto TIMSS responde a la política de participación en evaluaciones internacionales ya antes mencionada.
El proyecto TIMSS, fue iniciado por la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento de la Educación (IEA)[6], que posee un larga trayectoria en pruebas internacionales desde 1959 y es dirigido por el Centro de Estudios Internacionales TIMSS and PIRLS del Boston College y financiado por el National Center for Education Statistics del departamento de Educación de EE.UU, los países participantes, Boston College y la National Foundation for Educational Research del Reino Unido[7].
La evaluación TIMSS se aplica desde 1995 cada cuatro años y su versión más reciente fue la del año 2011.
La iniciativa TIMSS enfatiza el desarrollo curricular de las Matemáticas y las Ciencias, donde su principal objetivo es proporcionar información para mejorar la enseñanza y el aprendizaje de esas áreas del currículo.
De acuerdo a los lineamientos evaluativos de la TIMSS se pueden dilucidar dos funciones representativas:
  1. Relativos a los recursos disponibles; al sistema escolar, calidad del currículo y la enseñanza.
  2. Proporciona una sólida información empírica sobre el contexto de la escolarización.
Por lo tanto, el instrumento TIMSS, en su segunda función, proporciona a los países miembros amplios elementos de interpretación de resultados, para realizar cambios, tanto en las políticas educativas, como sociales y la mayor información para guiarlas y evaluarlas.
La examinación fue aplicada a un total de 11.420 estudiantes de 4º y 8º básico de pertenecientes a establecimientos educacionales seleccionados del sistema municipal, particular subvencionado y particular pagado del país[8]. Según los datos, los estudiantes chilenos alcanzaron una puntuación media más alta en matemáticas y ciencias en comparación con la medición del 2003 y tanto los alumnos de 4º y 8º básico nos sitúan dentro de los países que han superado los rendimientos de años anteriores.
TIMSS posee un nivel de desempeño estándar donde se establecen cuatro zonas alrededor del promedio establecido en 500 puntos, las zonas inferiores, la primera, que va desde los 400 puntos a los 475 se considera como nivel bajo. La segunda zona, ubicada entre los 475 y los 500 puntos se considera de un nivel intermedio y las categorías superiores, que van desde los 500 puntos hasta los 550 es considerado un nivel alto y la última, desde los 550 hasta los 625 puntos como nivel avanzado.
Los resultados de la evaluación TIMSS, más allá de mostrar un avance, evidenciaron la segregación de nuestro sistema educativo y el abismo que separa a los estudiantes pertenecientes a establecimientos de administración municipal y los de manejo particular pagado. Los resultados de la prueba TIMSS en la sección de matemática para 8º básico resulta un ejemplo paradigmático para representar la situación.
La media de los resultados de los alumnos de establecimientos educacionales municipales en la prueba fue de 387 puntos, que de acuerdo al nivel de desempeño estipulado por la institución, situándose por debajo del umbral del bajo rendimiento, por el contrario, la media del rendimiento alcanzado por las instituciones particular pagadas fue de 520 puntos, en una posición en la escala de desempeño de TIMSS.
La primera apreciación recae, por un lado, en que Chile muestra en sus resultados, derivaciones muy cercanas a los del primer mundo y a los países con sistemas educativos exitosos reconocidos a nivel mundial, por otro lado, presenta un índice de rendimiento por debajo del nivel de aprobación y comparado con países que no presentan las cualidades de un país aclamado en el plano del crecimiento económico.
Muchos son los que argumentan la efectividad y el beneficio que acarrea la educación particular a nuestro país y su desarrollo, todo puesto en evidencia por los excelentes resultados en las evaluaciones a nivel nacional e internacional, pero en nuestro caso, esta enorme barrera resulta impactante cuando las estadísticas revelan que sólo un 4,7% de los estudiantes chilenos de educación básica pertenece a la educación particular pagada y un 44,6% pertenece a la educación municipal y el otro 50,7% dependiente del sector particular subvencionado[9].
Esta realidad parece ser inmune a todos los esfuerzos en política educativa, por la sencilla razón, que las desigualdades se genera fuera de la escuela y fuera del alcance de los decretos e iniciativas ministeriales que sólo se remiten a las instituciones educativas y no a otras materias que generan las desigualdades.
Terminar con la desigualdad para lograr una educación de excelencia.
Bajo la creencia de que la Educación es la única forma de generar una sociedad más igualitaria y equitativa, se está desviando la mirada de los factores que la generan y que necesariamente deben ser modificados para alcanzar una educación en igualdad.
En esta misma línea, Pablo Gentili afirma: “Con el argumento de que la educación es fundamental para hacer de las nuestras sociedades más equitativas y productivas, se corre el riesgo de tratar de explicar nuestro atraso por la crisis educativa y no al revés”[10]
Por lo tanto, asegurar el acceso a la educación en una condición de igualdad para todos debe ser el norte de la política pública y no servir de paliativo de la inequidad en el acceso y la segmentación por grupo socioeconómico.
Las bases de la desigualdad se encuentran en los fundamentos de los modelos económicos de desarrollo, el Neoliberalismo, plano dónde las políticas educativas no pueden llegar y hasta el momento las políticas económicas no tiene la intención de generar condiciones de igualdad.
Según Hugo Fazio “las formulaciones de crecimiento con equidad son imposibles de materializar en el contexto de un modelo económico social concentrador, antidemocrático y no participativo con es el neoliberal” [11].
El compromiso de los actores políticos y de los gobiernos con la sociedad civil para una educación en igualdad, necesariamente, comprende reconocer que las condiciones de desigualdad de los estudiantes chilenos en materia de logros de aprendizaje se origina en el contexto sociocultural y las barreras nacen de la mala distribución del ingreso. Al respecto TIMSS señala: “Los centros escolares de barrio económicos deprimidos, puede proporcionar un ambiente menos favorable para el aprendizaje que los centros en áreas de alto nivel económico”[12].
Dentro de la misma lógica, la UNESCO es enfática en anunciar que “la desigualdad en el grado de riqueza significa que, cuando se nace en una familia pobre, duplica la probabilidad de formar parte del 20% de los más desfavorecidos en educación”[13].
El desafío para las políticas públicas es establecer alianzas entre los gobiernos y los sectores desfavorecidos de la sociedad civil para lograr sacrificar, un poco, el puntaje crecimiento económico por políticas públicas combinadas que generen mayor equidad en la distribución del ingreso, género, etnia y discapacidad, que retrasan toda bien intencionada política en educación.  














Referencias Bibliográficas
CASEN 2011. Módulo Educación.
Faletto, Enzo: “Dimensiones sociales, políticos y culturales del desarrollo”. FLACSO. Editorial Catalonia. Chile. 2007
Fazio, Hugo: “Crece la desigualdad: Otro mundo es posible”. LOM. 2001.
Gentili, Pablo. “Pedagogía de la igualdad.  Ensayos contra la educación excluyente”. Editorial Siglo XXI. 2011
Human Development Report 2013. The Rise of the South: Human Progress in a Diverse World. UNDP.2013.
LLegar a los Marginados. Informe de seguimiento de la EPT en el mundo. UNESCO. 2010.
Plan de Evaluación Nacional e Internacional. SIMCE Unidad de Currículum y Evaluación. Mineduc.2011.
Resultados de Chile en TIMSS. Estudio Internacional en Tendencias en Matemáticas y Ciencias. Gobierno de Chile. 2011
Trends in International Mathematics and Science Study. Marco para la evaluación. IEA. Lynch School of Education. Boston College.2011



[1] Plan de Evaluación Nacional e Internacional. SIMCE Unidad de Currículum y Evaluación. Mineduc.2011. Página 4. 
[2] Trends in International Mathematics and Science Study (TIMSS). 
[3] Human Development Report 2013. The Rise of the South: Human Progress in a Diverse World. UNDP.2013. 
[4] Faletto, Enzo: “Dimensiones sociales, políticos y culturales del desarrollo”. FLACSO. Editorial Catalonia. Chile. 2007.  Página 180. 
[5] Plan de Evaluación Nacional e Internacional. SIMCE Unidad de Currículum y Evaluación. Mineduc.2011. Página 4. 
[6] International Association for the Evaluation of Achievement (IEA).  
[7] Trends in International Mathematics and Science Study. Marco para la evaluación. IEA. Lynch School of Education. Boston College.2011. Página 14.   
[8] Resultados de Chile en TIMSS. Estudio Internacional en Tendencias en Matemáticas y Ciencias. Gobierno de Chile. 2011. Página 5.
[9] CASEN 2011. Módulo Educación. Página 18. 
[10] Gentili, Pablo. “Pedagogía de la igualdad.  Ensayos contra la educación excluyente”. Editorial Siglo XXI. 2011. Página 14. 
[11] Fazio, Hugo: “Crece la desigualdad: Otro mundo es posible”. LOM. 2001. Página 19. 
[12] Trends in International Mathematics and Science Study. Marco para la evaluación. IEA. Lynch School of Education.  Boston College. 2011. Página 87. 
[13] LLegar a los Marginados. Informe de seguimiento de la EPT en el mundo. UNESCO. 2010. Página 10.  

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