Evolución económica de América Latina III° Medio (Fuente: Mineduc)
Profundizar en el impacto de las crisis económicas globales en América Latina.
Copia y completa el cuadro con la información correspondiente a cada crisis económica en tu cuaderno.
Se sugiere utilizar una matriz temporal que permita categorizar lo cambios y secuenciar las crisis de modo que los estudiantes puedan derivar, a modo de conclusión, patrones comunes entre ellas:
Cuadro analítico de las crisis económicas y su impacto en América Latina
Cambios Crisis 1929 Crisis 1973 Crisis 1982 Crisis 1997 Crisis 2008
Políticos
Económicos
Sociales
Patrones
Recurso 1: Crisis de 1929 (La gran depresión)
“Aunque la repercusión de la crisis económica sobre la estructura del comercio exterior fue importante, no fue determinante, como pretenden algunos estudiosos, y el sector industrial no se hubiese desarrollado con la intensidad con que lo hizo si la crisis de 1929 no hubiese provocado también una mutación a nivel del sistema financiero internacional. Como consecuencia de esta mutación, en la década de 1930 América Latina se convirtió en tributaria de inversiones y préstamos estadounidenses al igual que en el período precedente fue tributaria de las inversiones británicas. Efectivamente, en 1914 las inversiones estadounidenses sumaban 1.700 millones de dólares, y las británicas 3.700 millones, pero entre 1914 y |936, mientras las británicas disminuyeron de 3.700 millones a 2.500 millones de dólares, las estadounidenses pasaron de 1.700 millones a 2.800 millones de dólares.
Este incremento de las inversiones estadounidenses, a las cuales se sumaron los préstamos que los gobiernos latinoamericanos obtuvieron en Nueva York, acabó modificando la estructura productiva de las economías latinoamericanas, las cuales se liberaron de la economía británica y se vincularon firmemente con a la estadounidense. Tan reajuste provocó un mayor desarrollo de las economías latinoamericanas en condiciones de incrementar las exportaciones de los bienes mineros y de la agricultura tropical (Venezuela, cuba, Perú), y un menor desarrollo de las economías exportadoras de bienes de la agricultura de las zonas templadas (Argentina, Uruguay). Significó además un cambio en la estructura de las importaciones latinoamericanas, puesto que la economía estadounidense prefirió principalmente las exportaciones de bienes con un alto contenido tecnológico, las
“Distinta, en cambio, es la cuestión del modelo de desarrollo. La crisis de 1929 asestó un golpe letal al modelo exportador de materias primas y creó las condiciones para su descarte. Ya fuera porque los cambios en la economía internacional contribuyeron a enterrarlo -dado que las potencias más grandes crearon mercados protegidos con barreras aduaneras-, o porque muchos gobiernos del área, con ritmos y tiempos diversos, reaccionaron a aquella dramática prueba de vulnerabilidad orientándose hacia el nacionalismo económico y abandonando a sus espaldas el liberalismo de tiempos pasados, ahora presentado como un emblema del dominio de los intereses oligárquicos. A menudo se recurrió a medidas proteccionistas y, en América Latina, creció la intervención económica del estado. Del mismo modo, en la formación de la riqueza se tendió a reducir el peso del comercio e incrementar el de la industria. Al principio con lentitud, y con mayor rapidez durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el nuevo colapso del comercio interoceánico dio impulso a la producción local, al menos en los países más avanzados, donde mayor era el mercado interno y la disponibilidad de capital. No hay que olvidar, sin embargo, que aquella incipiente industrialización era, en su mayoría, sustitutiva de las importaciones y estaba orientada a la fabricación local de bienes de amplio consumo, cuya producción no requería moderna tecnología ni capitales ingentes: alimentos, ropa, calzado, etcétera. Claro que su aporte no era muy extendido, por cuanto contribuía casi en todas partes en menos del 20% al producto bruto interno, ni eliminaba el peso estratégico de las materias primas, de cuya exportación la economía local dependía en gran medida”.
Zanatta, L. (2012) Historia de América Latina. De la colonia al siglo XXI, Buenos Aires: Siglo Veintiuno editores, p. 114-115
Recurso 2: Crisis de 1973 (La crisis del petróleo)
“La economía estaba desde la Segunda Guerra muy vinculada a la de Estados Unidos. Por eso, cuando en 1971 el presidente Nixon decidió declarar la inconvertibilidad del dólar, toda la región se vio afectada. La situación se agravó en 1973, con la primera crisis petrolera, y a que el alza de los precios del petróleo en los mercados internacionales, que contrastaba con el más moderado de otras materias primas, frenó el crecimiento de la economía mundial, en particular de las economías regionales, que seguían dependiendo de sus exportaciones tradicionales. Hubo, sin embargo, comportamientos diferentes entre los países menos desarrollados, divididos entre los productores y no productores de petróleo. […] Mientras los países productores podían contar con mayores divisas, los otros veían como la crisis disminuía la demanda de alimentos y materias primas. El incremento de la factura petrolera incidió negativamente en las posibilidades de crecimiento de Brasil y Chile, que eran importadores netos de petróleo, y lo mismo ocurrió en América Central y el Caribe.”
Malamud, C. (2007) Historia de América. Madrid: Alianza Editorial, p. 463
Recurso 3: Crisis de 1982 (la crisis de la deuda)
“Casi sin elección, la mayoría de los gobiernos latinoamericanos aceptaron las condiciones patrocinadas por el FMI, al menos favorablemente. Los países más pequeños, como Chile y Bolivia, lograron llevarlas a la práctica. México hizo progresos importantes hacia finales de la década de 1980, como Argentina, Brasil y Perú a principios de los noventa. Brasil, el mayor país de todos, resistirá las fórmulas del FMI hasta mediados de los noventa. […]
También brotó presión desde abajo. Un hecho notable de la política latinoamericana durante los años ochenta fue el surgimiento de la participación civil, cuando los ciudadanos comunes comenzaron a insistir en sus derechos y pidieron cuentas a los gobiernos. En parte fue el resultado de la unión entre las fuerzas de oposición producida por la brutalidad de la represión militar. En segundo lugar, existió un compromiso creciente con el proceso electoral, al clamar el pueblo por elecciones libres y justas. Por último, como consecuencia de todos estos procesos, apareció un nuevo cuadro de presidentes civiles, de clase media y con una buena preparación. Esto se vio claramente en Brasil, Argentina y Chile”. Skidmore, T.E., Smith, P.E (1996) Historia contemporánea de América Latina. América Latina en el siglo XX, Barcelona: Crítica, p. 70-71.
““La aplicación de estas medidas, conocidas también como “de ajuste estructural”, produjo efectos mucho más negativos que los que había producido el deterioro del modelo desarrollista. Como vimos, hubo una brutal fragmentación social, con exacerbación de la exclusión y las desigualdades sociales. Las políticas de ajuste provocaron: mayor concentración de la propiedad, del ingreso y de la riqueza, predominio del componente especulativo de las economías (incluso en plano económico individual), reforzamiento del poder del capital extranjero productivo y financiero, destrucción de porciones significativas del sector industrial, caída de las asignaciones estatales en los rubros de salud, educación, vivienda, previsión social. Concomitantemente, aumentó el desempleo, el subempleo y la informalización e la economía, y disminuyó el valor adquisitivo del salario de los ocupados. En el plano político, social y cultural, esto se tradujo en el socavamiento de las redes de solidaridad social, despolitización, primacía de la privacidad, generalización del miedo en la vida cotidiana…”
Ansaldi, W., Giordano, V. (2012) América Latina. La construcción del orden, Buenos Aires: Ariel, p. 664
Recurso 4: Crisis de 1997 (La crisis asiática)
“Desde el inicio de la década de los 80’ la mayoría de los países planteaban una política de interés real elevado como forma de atraer capitales extranjeros o convencer a los magnates locales de repatriar una parte de los capitales que habían llevado al norte. El costo es altísimo: los pequeños y medianos productores locales, sin hablar de los hogares, no pueden acceder al crédito junto con una prolongada recesión de la producción para el mercado interno. Un escenario que se complica asiática de 1997-1998, con la suba de las primas de riesgo exigidas por los mercados financieros centrales sobre los nuevos préstamos y obligaciones. Además del constante desequilibrio comercial produce lo que conocemos como la ‘reprimatización’ de las exportaciones de América Latina. La región exporta proporcionalmente más productos de poco valor agregado. Y en paralelo, las industrias nacionales o extranjeras que producen para los mercados internos se reducen o paralizan. Finalmente, el modelo industrial de ensamblamiento-montaje, ha reemplazado al modelo anterior que apuntaba a una industrialización integral, al menos para los países más avanzados de la región.” Cicerchia, R. (2017) Región y Nacionales. Instituciones, ciudadanía y performances sociales Chile y Argentina (Siglos XIX-XXI). De lo local a lo global.
Buenos Aires: Prohistoria Ediciones, p.219.
“En términos económicos, la crisis [del neoliberalismo] que ya varias veces había estado a punto de estallar (al punto de inducir a los organismos financieros internacionales a intervenir en ayuda de México en 1994 y Brasil en 1998, con el objetivo de evitar su colapso financiero) se volvió evidente en toda la región alrededor de 1998. La recesión mundial arrastró a estas economías, cuyos indicadores fueron negativos o se estancaron durante casi cuatro años, en el curso de los cuales no sólo empeoraron las ya graves condiciones sociales, sino que también se difundió, entre las élites políticas y la opinión pública, la convicción de que había llegado el ocaso del Consenso de Washington. Ello ocurrió debido a un problema de vulnerabilidad, vinculado con el exceso de dependencia de la estabilidad económica de las economías regionales del volátil flujo de capitales sujetos a la crisis, que de tanto en tanto sacudían el sistema entero, desde Asia a Rusia, y a una cuestión de sustentabilidad, es decir, del sostenimiento de un modelo económico que, más allá de no garantizar un crecimiento sólido y sostenido, hizo muy poco por reducir las desigualdades sociales.” Zanatta, L. (2012) Historia de América Latina. De la colonia al siglo XXI, Buenos Aires: Siglo Veintiuno editores, p.251.
Recurso 5: Crisis de 2009 (La crisis subprime)
Las repercusiones más importantes y generalizadas de la crisis se apreciarán en el ámbito comercial. Todos los países, pero especialmente México, Centroamérica y el Caribe, están siendo afectados por la contracción del volumen real de comercio, mientras que las economías sudamericanas, sobre todo las exportadoras de productos mineros y energéticos, han experimentado un fuerte deterioro de los términos de intercambio. La caída de los precios de los productos energéticos compensará en parte los efectos adversos de la reducción del comercio internacional en varias economías pequeñas. Desde el punto de vista del financiamiento externo, es posible que se hayan superado los problemas más agudos vinculados a la falta de liquidez que caracterizó la etapa más severa de la crisis (entre mediados de septiembre y fines de octubre de 2008). Sin embargo, queda por delante una fase de financiamiento externo privado muy restringido, cuya duración e intensidad se desconocen. El financiamiento multilateral solo podrá compensar en parte la escasez de fondos privados, salvo que se acompañe de medidas tales como una emisión excepcional y a gran escala de derechos especiales de giro por parte del FMI. Las ventajas de este financiamiento dependerán también de los requisitos vinculados al uso de los recursos del Fondo, un tema sobre el cual ha habido algunos avances, aunque incompletos. La falta de financiamiento privado afectará especialmente a algunas grandes empresas privadas, cuyas necesidades de rotación de las deudas son evidentes.
Ocampo, J.A. (2009) “Impactos de la crisis financiera sobre América Latina”, en Revista Cepal 97, abril, p. 31.
El colapso financiero de 2008-2009 fue en cierta medida inesperado ya que estallaba en el mercado bancario de Nueva York y pocos anticiparon la posibilidad de una nueva crisis en los países periféricos. Ahora nos resulta claro que la revolución financiera de nuestros tiempos está estrechamente atada a la globalización económica y a las tecnologías de las comunicaciones. Esta nueva bancarrota ha evidenciado trágicamente la debilidad actual de todos los mercados. La crisis financiera que sacudió a los Estados Unidos en septiembre de 2008 ha tenido consecuencias de tal magnitud solo comparables con la Gran Depresión de los años 30’: para ser más precisos, el 14 de septiembre cuando Lehman Brothers tuvo que asumir su quebranto.
Entre las singularidades de esa coyuntura no se produjeron corridas bancarias ni crisis de deudas soberanas en los países periféricos. Sin embargo, el desplome se expandió por la región en el segundo semestre de 2008 con un descenso en las exportaciones, la disminución drástica de flujos de inversión extranjera directa y caída de las remesas y del turismo internacional.
Cicerchia, R. (2017) Región y Nacionales. Instituciones, ciudadanía y performances sociales Chile y Argentina (Siglos XIX-XXI). De lo local a lo global. Buenos Aires: Prohistoria Ediciones, p. 220.
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